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CAMPEONES DE LA
CONCACAF
Los Tuzos del Pachuca consiguieron por segunda ocasión consecutiva su boleto al Mundial de Clubes, tras coronarse de nuevo en la Copa de Campeones de la CONCACAF, luego de vencer 2-1 al Saprissa en la final de ‘vuelta’, pero con global de 3-2.
Christian Giménez hizo el primer gol apenas a los tres mi-nutos de haber iniciado el partido y no fue sino hasta el segundo tiempo, al minuto 54, que Luis Gabriel Rey hizo el segundo de forma peculiar. Sin embargo, dio tiempo para que en tiempo de compensación, Jairo Arrieta hiciera en de la honra.
Jugar en casa y el juego definitivo por el título de la zona de CONCACAF motivó al Pachuca a jugar desde el primer segundo a la ofensiva, en busca del gol, con el apoyo de su gente y con la certidumbre de conocer cada centímetro de la grama del Estadio Hidalgo, lo hizo con seguridad, hasta encontrar el gol en menos de cinco minutos por medio de Christian Giménez.
El disparo y gol del Christian Giménez fue en definitiva la batuta para orquestar el partido con un juego de disparos de larga distancia que comenzaron a ser la constante de este cotejo, a Saprissa le faltó puntería y suerte, luego de que Calero evitaba los tantos a una mano y de forma espectacular; mientras Pinto salvaba su portería desde la línea de gol. Pachuca también tuvo varias ocasiones de gol, lo hizo con una serie de disparos desde la media luna y fuera del área, pero también les faltó puntería y que Keilor Navas bajara su nivel, debido a que demostró ser el mejor hombre del cuadro de Saprissa, por encima de Ronald Gómez y Celso Borges.
Ya ubicados en el segundo tiempo, Luis Gabriel Rey hizo el segundo gol del encuentro, con un remate de cabeza incómodo y a pase de Manzur, para que los Tuzos manejaran el partido a placer, le prestó poco el esférico a los costarricenses y de cualquier forma buscó el tercero que le diera el ‘clavo’ final al encuentro.
Finalmente, Keilor Navas evitó en dos ocasiones más un marcador más abultado, pero el duelo estaba sentenciado, mientras Pachuca forzaba a Navas a lucirse, Saprissa enviaba los esféricos a las gradas sin oportunidad de ver que la pizarra se moviera; ya sobre la agonía, Jairo Arrieta hizo el de la honra, pero fue demasiado tarde.
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