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CONTINUACION
Monos y monadas
Reconozco de entrada que me equivoqué. Porque pensé que Ecuador iba a dar pena, que francamente iba a ser una lágrima en el mundial que se disputa en
territorio alemán. Y es que en todas las apuestas domésticas y laborales en las que participé nunca me atreví a dar ni siquiera un peso por esa selección, que
acudió a una copa del mundo por segunda vez consecutiva. Yo pensé que no iba a sumar puntos en su serie, que iba a quedar en la última ubicación, que iban a llenarle la canasta recontra fácil, que era un combinado débil que sólo rinde en la altura de Quito y que a un certamen como una Copa del Mundo sólo había ido a participar, a ser pan comido de sus rivales en el grupo; pero no a sorprender, como finalmente ocurrió para sorpresa de todos. Ecuador no tiene estrellas, pero hizo estrellar a Polonia dos veces, a Costa Rica en tres, y sólo perdió con algunos suplentes y ya clasificado ante el anfitrión Alemania y por un balón parado del inefable David Beckham ante el afortunado cuadro de Inglaterra. Ecuador fue a Alemania a mejorar la campaña del 2002. Y lo logró.
Quería inscribir su nombre en los octavos de final. Y lo hizo. Quería ganarse el respeto de todos, quería demostrar que no era una selección del montón. Y lo consiguió. Aunque fue vapuleado por el conjunto anfitrión cuando ya había asegurado su pase a la segunda fase, Inglaterra lo despidió dignamente con una cachetada del 'Spice Boy' cuando de repente otra pudo ser la historia si Carlos Tenorio no hubiera dudado más de un segundo para vencer a Paul Robinson en un mano a mano que el
travesaño devolvió. Reconozco que me equivoqué cuando no le di el más mínimo crédito a Ecuador. Pero no puedo dejar de criticar la falta de humildad de algunos seleccionados de ese país cuando dijeron que asistieron al Mundial para pelear un lugar en la final. Los seis puntos iniciales les hicieron creer que eran un equipazo, que sólo bastaba la seguridad de Iván Hurtado y la de Geovany Espinoza en el fondo, la capacidad del mediocampista Edison Méndez y el oportunismo de los atacantes Agustín Delgado y Carlos Tenorio allá arriba para convertirse en favoritos. Pero no contaron con los nervios e inseguridad del arquero Christian Mora y con la inexperiencia de más de un jugador de la lista de 23 convocados que respetó demasiado a Alemania y a Inglaterra para despedirse tempranamente de la cita mundial. A Ecuador, insisto, le faltó humildad, pero al mismo tiempo atrevimiento. Por eso perdió con los ingleses, quienes no fueron superiores. Sin embargo, dijeron adiós a la copa del mundo con dignidad, hay que reconocerlo.
Los conocedores y los expertos en la materia no dudan en decir que fue la sorpresa. Quizá la sensación. Pero la fiesta ecuatoriana duro poco, apenas una semana, cuando más de un latino sin representante en Alemania pensaba en que el combinado del colombiano Luis Fernando Suárez podía estar en la mismísima final en Berlín. Se ensartó todo aquel que pensó que Ecuador podía llegar a la talla de un grande en menos de un mes. Los triunfos sorpresivos y consecutivos alimentan el ego, pero las derrotas sucesivas mandan la autoestima por los suelos. Ecuador es ahora, qué duda cabe, un equipo competitivo a nivel internacional, que ya se ganó el respeto y quizá admiración de todos.
Ya nadie lo va a mirar por debajo del hombro cada vez que juega en otro certamen que no sea una eliminatoria sudamericana o una Copa América. Y tampoco que sólo gana por su aliada la altura en su propia cancha. Ecuador es una selección que llegó a la cita ecuménica bien encuadrada en una foto tamaño carné que pocos, salvo los ecuatorianos, le daban atención; hasta habían pensando en regalarla; y hoy, luego de seis puntos y un revés honroso ante figuras que valen más de 100 millones de dólares, todos ya lo imaginan en una foto en tamaño jumbo y con serias opciones de venderla a buen precio.
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